Ahora o nunca.

Ahora o nunca

Deberían destinar las FF.MM. a cuidar esas regiones donde la destrucción avanza incontenible.

Por: Andrés Hurtado García

15 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

“El desierto está creciendo, desgraciado aquel que alberga un desierto”. Así hablaba Zaratustra y aunque se refería al mundo moral, la frase se puede aplicar hoy, y con más veras al mundo físico. ¿A quién le cae esta maldición en Colombia? A todos nosotros, a unos más que a otros. El Gobierno es uno de los principales inculpados.

Hace unos meses, países europeos ‘regalaron’ a Colombia 50 millones de dólares con una condición muy clara: que se acabara definitivamente la deforestación. El Presidente aceptó y se comprometió. Yo apoyo el proceso de paz. ¿Acaso quiero que nos sigan matando, secuestrando y dinamitando los pueblos? Pero, otro nobel, el de la destrucción de la naturaleza, sí le entrego al presidente Santos. La deforestación y la minería son bestiales en Meta, Caquetá, Chocó y otras regiones de Colombia.

Dejemos ya de hablar, de formar comisiones, de hacer promesas. El Gobierno debe aplicar mano dura, implacable, con cárcel incluida, a los que están acabando con las selvas. Las Farc no eran propiamente una organización ecologista, pero debemos reconocer que su presencia en muchos lugares ayudó “de rebote” a conservar la selva, pues nadie se atrevía a entrar en ella.

Una trocha selvática unía el pueblo de Vistahermosa con la Macarena. Esa trocha la caminábamos en 5 días. La guerrilla la convirtió en carreteable y ahora se la denomina la ‘Transjojoy’. Esta vía ha traído la destrucción del parque de la sierra de la Macarena considerado el más biodiverso del mundo por albergar ecosistemas de cordillera, llano y selva. Pues bien, a la guerrilla se debe la destrucción de nuestro parque nacional porque la vía atrajo, y sigue atrayendo, decenas de colonos. Las Farc no fueron, pues, propiamente ecologistas, pero su presencia sí ayudó a la conservación en otros lugares.

Ahora que la guerrilla se ha desmovilizado deberíamos destinar las Fuerzas Militares a cuidar esas regiones donde la destrucción avanza incontenible; por ejemplo, en Caquetá, Meta y Chocó. Y que la mano sea dura, sin compasión; de otro modo, nos quedaremos sin selvas.

Como soy pesimista ilustrado, porque conozco y camino a pie todo el país, me temo (no me temo, afirmo) que nos quedaremos sin selvas y bosques. ¿Y por qué lo afirmo? Porque estamos ya cansados de muchas cosas, entre otras estas dos: que se va a acabar la corrupción y que se va a terminar la deforestación. El resultado de las promesas del Gobierno es que estamos más inundados que nunca de sembrados de coca, todos ellos a costa de la destrucción de la selva.

La tala llega ya a las puertas del tesoro natural más grande y valioso que Colombia posee y con el que aporta no un grano de arena, sino toneladas, a la lucha contra el cambio climático: la serranía de Chiribiquete, uno de los parques naturales más extensos del planeta y ubicado entre Guaviare y Caquetá. ¡Colombianos, Gobierno y todos nosotros, ahora o nunca! Deforestación y minería destructora, ellos son.

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